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Koan: El famoso maestro zen Nan In y el Emperador


Publicado el 10-05-2012 por Elías | Compartir:

ENSEÑANZA

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Un emperador de Japón fue a ver a Nan In, un famoso maestro zen y uno de los más raros.
El emperador había oído hablar mucho de él. En diversas ocasiones había invitado a Nan In a venir a la corte, a ser un huésped suyo, pero siempre recibía el mensaje: “Es siempre el sediento quien va al pozo, no el pozo al sediento.”

Finalmente, el emperador decidió ir él mismo. Cuando atravesó las puertas del monasterio... estaba en una montaña, rodeado de un espeso bosque, y un hombre estaba cortando leña. Ese fue el primer hombre que se encontró. El emperador le preguntó: “¿Dónde está el maestro? ¿Puedo verlo?”

El hombre se detuvo y respondió: “Sí, puedes verlo. Sigue todo derecho y llegarás al lugar donde vive.” Y continuó cortando leña.

Y según seguía caminando el emperador, le gritó: “No hagas ruido al entrar. Tú siéntate y espera. El maestro sólo sale cuando cree que debe hacerlo. Esa es su potestad.”

El emperador pensó: “Un tipo extraño. Sólo es un leñador, pero se dirige al emperador de tal manera que si estuviera en la corte hubiera sido decapitado. Pero aquí es mejor permanecer en silencio y seguir.”

Así que siguió y se sentó en la cabaña donde el maestro debía aparecer. A los pocos minutos llegó el maestro. El emperador se quedó sorprendido, porque iba vestido con la túnica del maestro, pero su rostro era el mismo que el del leñador.

Advirtiendo su perplejidad, el maestro dijo: “No te sorprendas, nos hemos visto antes, estaba cortando leña, y estaba tan inmerso en aquello que de ninguna manera quedaba lugar para el maestro. Por eso te dije que esperaras, y así poder terminar con la leña, tomar una ducha, ponerme la túnica del maestro. Recuerda que ahora lo soy, un maestro por entero. Ahora estoy listo. ¿Para qué has venido?”.

El emperador le dijo: “¡He olvidado por completo la razón por la que había venido, distraído por el hecho de que el maestro corte leña! ¿Es que no tienes discípulos? He oído que tienes 500 discípulos.”

“Sí – le respondió -, los tengo. Están en el monasterio al fondo del bosque. Pero es tal placer cortar leña que lo prefiero a ser maestro. Es una sensación tan sagrada y maravillosa: La brisa fresca, el calor del Sol, todo el cuerpo sudando y cada golpe del hacha acentuándo el silencio del lugar.

¡La próxima vez que vengas, me acompañas!”

Osho